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Un doble golpe para los combustibles fósiles: ¿ha llegado el momento de la electri­ficación?

Según distintos ana­listas, el conflicto en Irán ha des­enca­denado una de las mayores crisis de suministro de petróleo y gas licuado de la historia. Este escenario está acelerando la búsqueda global de alter­nativas más sostenibles, con la electrifi­cación ganando prota­gonismo como una de las princi­pales soluciones. El Dr. Daniel Zimmerer y el Dr. Gerhard Wagner explican por qué este proceso podría impulsar, ahora más que nunca, una reducción estructural de la demanda de com­bustibles fósiles. Además, esta trans­formación también abre nuevas opor­tunidades desde el punto de vista de la inversión.

Autores: el Dr. Daniel Zimmerer, gestor jefe de carteras, y el Dr. Gerhard Wagner, gestor sénior de carteras para inversiones temáticas en ZKB/Swisscanto

Wie Elektrifizierung den Versorgungsschock bei fossiler Energie dämpfen kann: Arbeiten an Strommast
Debido a la crisis de suministro de petróleo y gas, se buscan alternativas. La ingeniería eléctrica y la electrificación cobran así aún más protagonismo (Imagen: istockphoto.com).

Puntos clave sobre las oportunidades que ofrece la electrificación para reforzar la seguridad energética:

  1. El conflicto con Irán, tras el estallido de la guerra en Ucrania en 2022, ha desencadenado la segunda gran crisis de suministro energético fósil en apenas cuatro años, lo que vuelve a poner de relieve la urgencia de acelerar la búsqueda de alternativas.
  2. Desde la crisis del petróleo de los años 70, la electrificación no ha dejado de ganar relevancia. A pesar del crecimiento económico global, la demanda de combustibles fósiles podría alcanzar su punto de inflexión en los próximos años.
  3. La transición desde los combustibles fósiles hacia las energías renovables y la electrificación representa una oportunidad multimillonaria. Desde el punto de vista de la inversión, destacan especialmente sectores como la ingeniería eléctrica y las compañías especializadas en el diseño y desarrollo de redes eléctricas.

Aunque el estrecho de Ormuz volviera a abrirse al tráfico marítimo en los próximos días, el impacto sobre el mercado energético ya se ha dejado sentir. El bloqueo del estrecho ha provocado un embotellamiento de más de 1.000 millones de barriles de petróleo entre los productores de Oriente Medio, según advertía recientemente la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Al mismo tiempo, observadores como Ember califican ya esta situación como la mayor crisis de suministro de petróleo de la historia.

Es más: según este grupo de expertos, ampliamente reconocido en el sector energético, ya estamos viviendo el segundo episodio de esta magnitud en apenas cuatro años. En 2022, Rusia, el mayor exportador de energía fósil del mundo, invadió Ucrania. La guerra obligó a Europa a prescindir de quien hasta entonces era su principal proveedor energético. Ahora, con el conflicto en Irán, el Viejo Continente también podría verse privado del gas licuado importado desde Oriente Medio como alternativa de suministro.

Por ello, los analistas de Ember hablan de un “twin shock”, es decir, un doble impacto. Su conclusión es clara: el comercio de petróleo y gas es hoy más vulnerable que nunca.

Las inversiones se están desplazando rápidamente hacia las energías renovables y la electrificación

En nuestra opinión, los acontecimientos recientes refuerzan aún más la relevancia de la transición energética. La conclusión parece evidente: en un contexto geopolítico cada vez más inestable, en el que el suministro de combustibles fósiles puede verse comprometido, la búsqueda de alternativas resulta más urgente que nunca. Una de esas alternativas, con un importante potencial tanto para reforzar la seguridad energética como desde el punto de vista de la inversión sostenible, es la electrificación: la sustitución de sistemas y procesos basados en combustibles fósiles por soluciones eléctricas, junto con la expansión de las redes eléctricas y de la capacidad de generación renovable necesaria para sostener esa transformación.

Como ya hemos señalado anteriormente, la transición energética y la electrificación avanzan de forma paralela y se retroalimentan mutuamente. Desde hace años, las inversiones están desplazándose con rapidez desde las fuentes fósiles hacia las energías renovables. Al mismo tiempo, precisamente por el avance de la electrificación, la demanda de electricidad seguirá creciendo con fuerza y, según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), podría duplicarse o incluso triplicarse de aquí a 2050. Cuanto mayor sea el avance de la electrificación, más rápida será también la reducción de la dependencia de los combustibles fósiles.

¿Cuánto falta para el “pico de demanda” del petróleo?

El consumo mundial de combustibles fósiles ya había comenzado a estabilizarse antes de 2020 y, en 2025, las energías renovables cubrieron por primera vez, en términos porcentuales, la totalidad del crecimiento de la demanda eléctrica. El fuerte crecimiento de la energía solar y eólica, junto con el avance de los vehículos eléctricos y las baterías, apunta a que la demanda de petróleo y gas podría empezar a reducirse en los próximos años. Además, el doble impacto derivado de la guerra en Ucrania y del conflicto con Irán podría acelerar y reforzar este punto de inflexión. En este contexto, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) prevé que la demanda mundial de petróleo alcance su máximo en 2029, en torno a los 106 millones de barriles diarios.

El consumo de electricidad crece tres veces más rápido que el de los combustibles fósiles gracias a la electrificación

Curiosamente, este cambio ya comenzó tras la última gran crisis del petróleo, en la década de 1970. En aquel momento, una mayor eficiencia energética se convirtió en la herramienta más eficaz para mitigar el impacto del encarecimiento del petróleo. Entre 1960 y 1985, la productividad energética se triplicó a nivel mundial y llegó a multiplicarse por diez en los países industrializados. Desde entonces, además, estas mejoras de productividad se han producido principalmente a costa del petróleo y el gas. El consumo de electricidad, por el contrario, ha evolucionado en línea con el crecimiento del PIB mundial desde la década de 1970 y ha aumentado a un ritmo tres veces superior al del consumo de combustibles fósiles.

El rápido crecimiento del consumo eléctrico y de la electrificación ha ido acompañado de importantes avances en ingeniería eléctrica. Y, según los analistas del sector, este ámbito podría encontrarse ahora también ante un punto de inflexión: la ingeniería eléctrica está preparada para transformar el uso global de la energía, tal y como señalaba Ember en un estudio publicado en septiembre de 2025. 

¿Qué ventajas ofrece la ingeniería eléctrica como motor de la electrificación?

Estas ventajas se extienden a todo el ecosistema energético. En primer lugar, en la generación de energía, donde las renovables ya son capaces de cubrir la totalidad del crecimiento de la demanda eléctrica. También en el transporte y almacenamiento de energía, impulsados por nuevas tecnologías de redes y baterías. Y, por último, en el consumo energético, donde los vehículos eléctricos y las bombas de calor están experimentando una rápida expansión.

En todos estos ámbitos, la ingeniería eléctrica destaca por dos grandes ventajas:

  • Ventajas físicas: En los sistemas basados en combustibles fósiles, aproximadamente dos tercios de la energía primaria se pierden en forma de calor. Esta es una de las razones por las que las soluciones eléctricas pueden llegar a ser hasta tres veces más eficientes desde el punto de vista energético.
  • Ventajas económicas: La ingeniería eléctrica suele apoyarse en estructuras modulares, lo que favorece las curvas de aprendizaje tecnológico. Según el estudio de Ember, esto permite reducir los costes alrededor de un 20 % cada vez que el volumen de aplicación se duplica. Como ejemplo, el informe destaca que los precios de los módulos solares se han reducido a la mitad desde 2022, mientras que el número de paneles instalados anualmente casi se ha triplicado. El argumento económico a favor de las energías renovables y de la ingeniería eléctrica podría reforzarse aún más si en el futuro se reducen las ayudas públicas que todavía reciben los combustibles fósiles en gran parte del mundo. Según datos de la OCDE, en 2024 los gobiernos destinaron más de 900.000 millones de dólares en subvenciones directas a los combustibles fósiles. 

  • Resiliencia frente a la geopolítica: Según cálculos de Ember, actualmente el 80 % de la población mundial vive en países dependientes de las importaciones de combustibles fósiles. Esta dependencia genera vulnerabilidades que se hacen especialmente visibles en momentos de crisis y que afectan, sobre todo, a las economías más pobres. Muchos de estos países no pueden asumir fuertes subidas de los precios de la energía y quedan relegados en la competencia global por el suministro energético. Las consecuencias pueden traducirse en problemas de abastecimiento o incluso apagones eléctricos.

Precisamente por ello, algunos analistas consideran que los países emergentes asiáticos podrían estar viviendo su propio “momento Ucrania” a raíz de la crisis de Irán. Ante el encarecimiento del petróleo y del gas, es probable que aceleren su transición hacia la ingeniería eléctrica y las energías renovables. Según Ember, este cambio responde también a una lógica estructural: más del 90 % de los países cuentan con un potencial de generación renovable que supera en más de diez veces sus necesidades energéticas actuales.

Electrificación y tecnología eléctrica: dónde se presenta el crecimiento cualitativo

En nuestra opinión, las ventajas mencionadas anteriormente también apuntan a que el creciente uso de la ingeniería eléctrica podría contribuir de forma significativa a reforzar la seguridad del suministro energético. Esto abre un potencial multimillonario que también puede resultar atractivo desde el punto de vista de la inversión. Según cálculos de Ember, la implantación de tres tecnologías clave ya disponibles en la actualidad — vehículos eléctricos, bombas de calor y energías renovables — podría sustituir hasta el 75 % de la demanda energética basada en combustibles fósiles y generar un ahorro anual de 1,3 billones de dólares (véase el gráfico a continuación).

Porcentaje de la demanda energética que puede electrificarse (en % de la demanda total)

Fuente: Ember, The energy security fallout: from fossil fuel fragility to electric independence, marzo de 2026

Sin embargo, desde una perspectiva de inversión que, además del crecimiento sostenible, se centra en la calidad y, en particular, en unos sólidos rendimientos del capital, nos limitamos a segmentos concretos de la ingeniería eléctrica y las energías renovables. 

Por ejemplo, nos centramos en proveedores de equipamiento para redes de transmisión eléctrica que, entre otros factores, cuentan actualmente con un elevado poder de fijación de precios debido a la fuerte demanda. También observamos oportunidades en compañías especializadas en la construcción y planificación de infraestructuras eléctricas, cuyos servicios atraviesan un momento de gran crecimiento.

Asimismo, nos resultan atractivas las aplicaciones vinculadas al consumo energético, como las empresas relacionadas con los vehículos eléctricos, el almacenamiento estacionario de energía o las bombas de calor, así como las soluciones capaces de gestionar de forma inteligente el consumo eléctrico de estas aplicaciones.

La electrificación y la ingeniería eléctrica han llegado para quedarse

Una vez desplegadas, la electrificación y la ingeniería eléctrica asociada podrían convertirse en una solución verdaderamente sostenible, en el sentido más amplio del término, para reforzar la seguridad del suministro energético. Las energías renovables, las infraestructuras de red o las bombas de calor están diseñadas para operar durante décadas y, por tanto, pueden proteger a largo plazo frente a la volatilidad de los precios de los combustibles fósiles. El activista medioambiental y autor Bill McKibben lo resumía recientemente con una frase muy ilustrativa: “La luz solar recorre 93 millones de millas para llegar a la Tierra, y ninguna de ellas pasa por el estrecho de Ormuz”.

Tema de inversión «Clima»: Perspectivas

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Portfoliomanager Daniel Fauser mit Insights über das Thema Climate und dessen Anlagechancen.

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